sábado, 10 de junio de 2017

Cuando decidí salir del clóset.



Me cambié de departamento hace poco; mejor dicho nos cambiamos, la familia.

Llevábamos 10 años de arrendar lo que fue nuestro hogar ese tiempo. Cómodo, acogedor, a pasos del colegio de los chicos, cercano a mucho: locomoción, metro, supermercado, comercio, parques, centros de salud y lugares habituales de trabajo. Pero bueno, todo tiene su fin, murió la dueña y la sucesión lo venderá. Quizás me hubiese interesado comprarlo -aunque no tengo el capital- pero la inminente construcción inmediatamente al lado lo hará poco atractivo, ya no tendrá la vista al cerro que disfrutamos estos años, y sería incómodo convivir  el tiempo del proceso de excavación, construcción y terminación. Fue al final una buena coincidencia.

En fin, luego de mucha búsqueda de algo que cumpliera todas las condiciones de comodidad del anterior, encontramos algo más amplio y a unas diez cuadras de donde estábamos antes. Es dúplex, remodelado, lo cual otorga  un living comedor muy amplio y dormitorios en el segundo piso, donde hay también un cuarto que suele usarse como oficina, y lo escogimos para guardar todo lo que no se usa ni cabe en otros lados. Las dimensiones no dan para pieza, así que lo transformamos en clóset.

En realidad no lo transformamos. Como mucho, instalé una barra para colgar ropa, el resto fue acomodar cajas -muchas cajas- cuan juego de tetris. Hay que aprovechar los espacios.  

Alguien me dijo alguna vez que pareciera que tengo la vista cuadriculada; tengo la extraña habilidad, o la aptitud, de calcular proporciones, medir o estimar dimensiones con sólo observar, igual que para acomodar cosas. Cuando se usaban cajas en los supermercados, antes de que nos llenaran de bolsas, podría haber desafiaado a cualquier empaquetador y obtener mejor orden y aprovechamiento de ese poco espacio.

Quizás por eso fui  el llamado a ordenar todo en ese clóset. Me dediqué una tarde a estimar cuales eran las cajas con cosas a las que menos pronto recurriremos para acomodarlas antes que otras, dejando más a mano las que se necesiten más pronto, tratando de aprovechar el espacio y calculando peso y estabilidad de las paredes de cajas que construí. Hubo mucho de ensayo y error, lo que parecía bien por espacio y dimensión muchas veces no lo era en cuanto a utilidad, o recurrencia del contenido de esa caja. Así que fue una tarde de destreza en ese espacio reducido. También me interesa el orden y la estética, no es cuestión de acomodar por acomodar: debe verse ordenado al menos, a pesar de la variación de tamaños, colores y etiquetación de las cajas y demases, lo que constituyó un esfuerzo adicional a la labor de jugador de tetris.


No fue tan difícil, menos fácil. No fue poco el tiempo dedicado. Pero sólo recién cuando me pareció que todo estaba con cierto orden y se veía acorde, fue cuando decidí salir del clóset.

L.A.

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