Me cambié de departamento hace poco; mejor dicho
nos cambiamos, la familia.
Llevábamos 10 años de arrendar lo que fue nuestro
hogar ese tiempo. Cómodo, acogedor, a pasos del colegio de los chicos, cercano a mucho: locomoción,
metro, supermercado, comercio, parques, centros de salud y lugares habituales
de trabajo. Pero bueno, todo tiene su fin, murió la dueña y la sucesión lo
venderá. Quizás me hubiese interesado comprarlo -aunque no tengo el capital- pero la
inminente construcción inmediatamente al lado lo hará poco atractivo, ya no tendrá la vista al
cerro que disfrutamos estos años, y sería incómodo convivir el tiempo del proceso de excavación,
construcción y terminación. Fue al final una buena coincidencia.
En fin, luego de mucha búsqueda de algo que
cumpliera todas las condiciones de comodidad del anterior, encontramos algo más
amplio y a unas diez cuadras de donde estábamos antes. Es dúplex, remodelado,
lo cual otorga un living comedor muy
amplio y dormitorios en el segundo piso, donde hay también un cuarto que suele usarse
como oficina, y lo escogimos para guardar todo lo que no se usa ni cabe en
otros lados. Las dimensiones no dan para pieza, así que lo transformamos en
clóset.
En realidad no lo transformamos. Como mucho,
instalé una barra para colgar ropa, el resto fue acomodar cajas -muchas cajas- cuan
juego de tetris. Hay que aprovechar los espacios.
Alguien me dijo alguna vez que pareciera que tengo
la vista cuadriculada; tengo la extraña habilidad, o la aptitud,
de calcular proporciones, medir o estimar dimensiones con sólo observar, igual
que para acomodar cosas. Cuando se usaban cajas en los supermercados, antes de
que nos llenaran de bolsas, podría haber desafiaado a cualquier empaquetador y
obtener mejor orden y aprovechamiento de ese poco espacio.
Quizás por eso fui
el llamado a ordenar todo en ese clóset. Me dediqué una tarde a estimar
cuales eran las cajas con cosas a las que menos pronto recurriremos para
acomodarlas antes que otras, dejando más a mano las que se necesiten más
pronto, tratando de aprovechar el espacio y calculando peso y estabilidad de
las paredes de cajas que construí. Hubo mucho de ensayo y error, lo que parecía
bien por espacio y dimensión muchas veces no lo era en cuanto a utilidad, o
recurrencia del contenido de esa caja. Así que fue una tarde de destreza en ese
espacio reducido. También me interesa el orden y la estética, no es cuestión de
acomodar por acomodar: debe verse ordenado al menos, a pesar de la variación de
tamaños, colores y etiquetación de las cajas y demases, lo que constituyó un
esfuerzo adicional a la labor de jugador de tetris.
No fue tan difícil, menos fácil. No fue poco el
tiempo dedicado. Pero sólo recién cuando me pareció que todo estaba con cierto
orden y se veía acorde, fue cuando decidí salir del clóset.
L.A.
L.A.

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